La San Silvestre Vallecana

La carrera especial

PERSONALDEPORTE

12/22/2025

San Silvestre Vallecana: despedir el año corriendo

Cuenta atrás

Quedan solo 10 días para Nochevieja y, como desde hace ya unos cuantos años, hay una tradición que no se negocia: despedir el año corriendo. Sí, acabar el año haciendo deporte, sudando, respirando hondo y celebrando que seguimos aquí, un año más.

El año empieza siempre con calma. Enero parece eterno. Febrero pasa sin avisar. Y cuando quieres darte cuenta, te ves caminando hacia el Bernabéu para correr, otra vez, la San Silvestre Vallecana. Un ritual que se repite y que, de alguna manera, pone orden al paso del tiempo.

De camino a la salida

En nuestro caso, el recorrido previo ya forma parte de la experiencia. Bajamos por la calle San Germán (la antigua General Yagüe), desde Bravo Murillo hasta el Paseo de la Castellana. Mucho antes de llegar, empiezas a cruzarte con gente que va a hacer exactamente lo mismo que tú.

Algunos lo viven por primera vez. Otros repiten, como cada año. Las miradas se cruzan, las sonrisas aparecen sin necesidad de palabras. A lo lejos ya se escucha un murmullo constante que va creciendo conforme te acercas a la salida: música a todo volumen, voces, risas, nervios… el ambiente empieza a envolverlo todo.

Preparativos

La San Silvestre, en realidad, empieza días antes. El día que recoges el dorsal ya notas ese cosquilleo, sobre todo si es tu primera participación. Es el momento en el que todo se vuelve real.

Nuestra San Silvestre arranca oficialmente a la hora del aperitivo. Ese rato en el que te juntas con la gente de siempre, brindas, haces balance del año que se va y deseas una buena entrada al nuevo. Cuando quieres darte cuenta, llevas unos cuantos botellines en el cuerpo —gasolina para más tarde— y toca salir pitando a casa, ponerse las zapatillas y volver corriendo, esta vez hacia la salida.

La salida

Llegar a la Castellana y ver miles y miles de personas esperando su turno es un impacto difícil de describir. Ahí, junto a esas personas especiales que eliges para compartir el momento, empiezas a asimilar que el año se acaba.

Con todo lo bueno y todo lo malo. Pero también con la sensación de que, pase lo que pase, otro año más estamos aquí, en la salida, con el deber cumplido. Ese mismo sentimiento volverá a aparecer en la llegada, aunque mucho más intenso.

La salida está cargada de emoción. Nada más empezar a subir por Concha Espina, con el flato ya haciendo acto de presencia, notas cómo empiezas a soltar las cosas malas del año. Corres para disfrutar, como todos los que te rodean. Ves alegría, disfraces, complicidad. Y sabes que, salvo imprevisto, vas a llegar a meta. Como en la vida: día a día, año tras año.

El trayecto

Si algo hace especial a esta carrera es su ambiente. Gente corriendo disfrazada, familias enteras, grupos de amigos y amigas, parejas, personas que corren solas pero nunca se sienten solas.

Correr por algunas de las calles más históricas de Madrid, iluminadas por las luces de Navidad, es un privilegio. Pero lo que de verdad te empuja es la multitud que se agolpa a ambos lados de las aceras. Muchísimos niños y niñas animando sin parar, llevándote en volandas hasta la temida cuesta de la Avenida de la Albufera.

Ahí empieza el tramo final. Los últimos 3 kilómetros. El barrio de Vallecas ya se siente, el bullicio aumenta y la piel se pone de gallina. Sabes que queda poco, que el esfuerzo está a punto de terminar.

Metros finales

Cuando quedan apenas 300 metros, antes de girar la última curva a la izquierda, ves por el rabillo del ojo cómo la gente disfruta de esos últimos pasos. La música suena más fuerte, los decibelios suben y la adrenalina vuelve a dispararse.

Al fondo aparece el cronómetro. Las últimas zancadas las das pensando en los tuyos, en todo lo vivido durante el año y en lo bien que va a saber la cena preparada con cariño y amor para celebrar que empieza uno nuevo.

Feliz Año Nuevo y… felices agujetas.