El día que todo tuvo sentido: Wembley y la Decimoquinta
Tercera Entrega
PERSONALDEPORTE
Después de tantos años de viajes, anécdotas y esperas, sabíamos que 2024 podía ser especial. Febrero volvió a ser nuestro mes talismán y nos llevó a Leipzig, con la ayuda de los hermanos Trigueros que nos prestaron sus carnets y los DNI. Viajamos sin entradas seguras, pero con la esperanza de que el destino nos sonriera. Y así fue: conseguimos tres pases, con Adrián ya convertido en parte inseparable de la aventura. El partido terminó 1-1, gol de Brahim, pero lo que realmente nos llevamos fue la ilusión intacta de que esta vez sí podía ser nuestro año.
Las semifinales contra el Bayern fue una auténtica locura. Partido de ida en Alemania 2-2 y el de vuelta en casa de Luis, mi hermano gemelo. Minuto 81: 0-1 abajo, con los billetes y el apartamento en Londres ya reservados y pagados hacía un mes sin que lo supieran Luis y Adrián. Entonces apareció Joselu, primero para empatar y después para ponernos por delante. PIN, PAN. El salón se vino abajo y supimos que Londres nos esperaba.
Llegamos a Wembley sin entradas, otra vez. Pero el destino, que siempre juega con nosotros, tenía preparado el golpe final: Jorge, un compañero de trabajo, nos cedió dos entradas que les había tocado en el sorteo la suya y la de su padre, al mismo precio que las pagaron. No había trampa ni reventa, solo generosidad y amistad.
El 1 de junio de 2024, a las 19:00, estábamos a 500 metros del estadio, en la puerta de un hotel, esperando a que se descargaran las entradas en los móviles de los socios desde Madrid. Cuando por fin llegaron, nos enfrentamos al último dilema: solo había dos entradas. Luis no dudó. Me miró y, sin necesidad de palabras, me cedió su lugar para que yo entrara con Adrián. Hermano, sabes cuánto te quiero, no solo por este gesto.
Pasamos el último cordón de seguridad, QR en mano, y el corazón en un puño. Cuando la lucecita verde se encendió, entendí que estábamos dentro. Que después de 15 años de viajes, sacrificios y esperas, habíamos llegado al destino soñado. No puedo describir con palabras lo que sentimos al ver al Madrid levantar la Decimoquinta desde dentro de Wembley. Fue simplemente la culminación de una vida entera de pasión compartida.
Yo soy Carlos, hermano gemelo de Luis, padre de Adrián (LAC BIKE) y hermano del Machaca —Jose—, que nos acompaña desde el cielo y que siempre será un madridista de pro.
Hoy, mirando hacia atrás, me doy cuenta de que todo tuvo sentido. Que cada viaje, cada historia y cada paso en falso formaban parte del camino que nos llevó hasta allí. Y ese es el mismo espíritu que hoy vive en LAC BIKE: creer que cada pedalada, cada ruta y cada instante en la naturaleza tiene un valor propio, aunque el destino final aún no esté escrito.
Porque igual que en Wembley entendimos que los sueños se cumplen cuando menos lo esperas, en el Valle del Lozoya sabemos que lo importante no es solo llegar a la meta, sino disfrutar del camino, con la gente que quieres, compartiendo recuerdos que duran para siempre.
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